Autosuficiencia
Cada gramo cuenta. Cargas tu equipo, tu agua, tu refugio. La montaña no perdona el exceso; premia la esencia.
Donde el desierto se disuelve en sal y cielo. Alpinismo puro, sin atajos, en el techo del mundo volcánico.
Hay una forma antigua de subir. Sin ruido, sin excesos, sin atajos. Se llama estilo alpino y es la expresión más pura del montañismo: el ser humano, su equipo y la inmensidad vertical.
Cada gramo cuenta. Cargas tu equipo, tu agua, tu refugio. La montaña no perdona el exceso; premia la esencia.
Sin porteadores, sin caravanas. Avanzamos ligeros, leyendo el terreno, adaptándonos al ritmo que dicta la altitud.
No venimos a conquistar la cumbre. Venimos a merecerla. Cada paso es un pacto silencioso entre tu voluntad y la roca.
«La montaña no se conquista. Se le pide permiso para subir, y si tiene a bien, te deja regresar.»

Alpinista · Escalador · Director Técnico
Hay quienes escalan para contar historias, y hay quienes tienen historias porque no dejan de escalar. Ale pertenece al segundo grupo. Joven alpinista con una trayectoria forjada en las aristas más exigentes, su filosofía es simple: ligereza, autosuficiencia y un respeto inquebrantable por la montaña.
Con cumbres que superan los 6.000 metros y decenas de ascensiones en los Alpes, Andes y Cáucaso, Ale no guía expediciones comerciales. Selecciona compañeros de cordada. Personas que entienden que la montaña no es un trofeo, sino un diálogo.
Un proceso de aclimatación diseñado con la precisión que exige la altitud extrema. Cada jornada respeta los tiempos del cuerpo, la meteorología y el carácter impredecible del volcán más alto del mundo.
El desierto se abre como un libro antiguo. Dejamos la ciudad atrás y ascendemos hacia el Parque Nacional Nevado Tres Cruces, donde el altiplano nos recibe con su silencio vasto y el reflejo imposible de la laguna.
El primer mandamiento de la altura es la paciencia. Día de adaptación en el entorno de la Laguna Santa Rosa. Caminatas suaves para que el cuerpo entienda el nuevo medio, rodeados de flamencos y cumbres lejanas.
El primer desafío real. Ascendemos hacia el Cerro Siete Hermanas, buscando rozar los 4.700m para enviar la señal correcta al cuerpo. Por la tarde, descendemos a la reconfortante Laguna Verde para recuperar.
Un día para asimilar el esfuerzo. Descanso activo en Laguna Verde, donde las aguas termales y el azul profundo del cielo nos recuerdan por qué vinimos. El cuerpo trabaja en silencio, fabricando glóbulos rojos.
La montaña exige más. Ascenso de aclimatación en las laderas del Cerro Mulas Muertas, buscando superar la barrera de los 5.500m. Una prueba de fuego para los pulmones antes de regresar al refugio de la laguna.
Cruzamos el umbral hacia la alta montaña. Abandonamos Laguna Verde hacia el Refugio Murray, austero y esencial. Último gesto de hospitalidad antes del desierto vertical. Revisión de equipo, ritual silencioso.
Aproximación en 4x4 y establecimiento del primer campamento de altura. Aquí el aire se vuelve escaso y cada gesto cobra peso. La montaña nos pone a prueba sin concesiones bajo un cielo estrellado y gélido.
Ascenso táctico cargando provisiones entre el acarreo volcánico. El cuerpo trabaja en hipoxia mientras la mente se aclimata al vacío. Descenso a dormir al Campo Atacama: la regla de oro de subir alto y dormir bajo.
Ascenso definitivo al último campamento. Tejos nos recibe con viento y soledad. Descanso profundo, manos que ajustan crampones, mentes que visualizan la arista final. Mañana, todo se decide.
Salida en la oscuridad previa al alba. El frío corta, el acarreo resiste, pero la voluntad es más fuerte. La arista final y entonces: el techo de América. El silencio de la cumbre lo dice todo. Descenso a Atacama.
El peso de la montaña se desvanece con cada metro de descenso. Desmontamos el campamento y emprendemos el largo viaje en 4x4 a través del desierto, regresando a la civilización con otra mirada.
La montaña impone sus reglas. Un día extra vital como margen de seguridad frente a tormentas imprevistas o para dar al grupo un día más de aclimatación. Si no se usa, celebramos en la costa del Pacífico.
Esta expedición no es para todos. Es para quienes entienden que la montaña se gana con preparación, silencio y respeto. Buscamos ocho personas comprometidas, dispuestas a vivir el Ojos del Salado en su forma más pura.
Capacidad para cargar tu propio equipo en alta montaña.
Haber superado la barrera de los 5.000 m previamente.
Respeto absoluto por la montaña y los compañeros de cordada.
Rellena tus datos y cuéntanos sobre tu experiencia.